Ir al contenido principal

Entradas

El otro - Jorge Luis Borges

El hecho ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero. Serían las diez de la mañana. Yo estaba recostado en un banco, frente al río Charles. A unos quinientos metros a mi derecha había un alto edificio, cuyo nombre no supe nunca. El agua gris acarreaba largos trozos de hielo. Inevitablemente, el río hizo que yo pensara en el tiempo. La milenaria imagen de Heráclito. Yo había dormido bien; mi clase de la tarde anterior había logrado, creo, interesar a los alumnos. No había un alma a la vista. Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ...
Entradas recientes

Causa ganada - Bernardo Couto Castillo

El acusado conservaba toda su tranquilidad. Las gentes sencillas encontraban una prueba de su inocencia; los jurados la actitud de un criminal consumado. La causa promovía ese interés novelesco de los asesinatos cuyo origen es el amor. Las gradas estaban casi llenas, los debates duraban desde días antes y en realidad nada claro ni definitivo podía concluirse. El agente del Ministerio Público, un señor grueso, rojo, sudando a cada momento, hablaba, y con su voz fuerte llenaba la sala de un tono declamatorio, rehacía los hechos, pintaba lóbregamente lo negro de la historia, atraía las simpatías sobre la víctima y el odio sobre el acusado. —Un joven —decía— que a la edad de las ambiciones nobles y los ideales hermosos sepulta un puñal en el pecho de la mujer amada, no puede vivir en el seno de una sociedad culta; el ánimo se subleva al pensar en el porvenir de esta mil veces infame alma; si a los veinticuatro años asesina a la amada, ¿qué no hará, qué no será capaz de hacer más tarde, señ...

Retorno de la noche - Julio Cortázar

Uno se duerme; eso es todo. Nadie dirá jamás el instante en que las puertas se abren a los sueños. Aquella noche me dormí como siempre, y tuve como siempre un sueño. Sólo que… [1]. Aquella noche soñé que me sentía muy mal. Que me moría despacio, con cada fibra. Un horrible dolor en el pecho; y cuando respiraba, la cama se convertía en espadas y vidrios. Estaba cubierto de sudor frío, sentía ese espantoso temblor de las piernas que ya una vez, años atrás… Quise gritar, para que me oyeran. Tenía sed, miedo, fiebre; una fiebre de serpiente, viscosa y helada. A lo lejos se oía el canto de un gallo y alguien, desgarradoramente, silbaba en el camino. Debí soñar mucho tiempo, pero sé que mis ideas se tornaron súbitamente claras y que me incorporé en la oscuridad, temblando todavía bajo la pesadilla. Es inexplicable cómo la vigilia y el ensueño siguen entrelazados en los primeros momentos de un despertar, negándose a separar sus aguas. Me sentía muy mal; no estaba seguro de que aquello me hubi...