No es fácil la vida en la estepa, cualquier sitio se encuentra a horas de distancia, y no hay otra cosa más para ver que esta gran mata de arbustos secos. Nuestra casa está a varios kilómetros del pueblo, pero está bien: es cómoda y tiene todo lo que necesitamos. Pol va al pueblo tres veces por semana, envía a las revistas de agro sus notas sobre insectos e insecticidas y hace las compras siguiendo las listas que preparo. En esas horas en las que él no está, llevo adelante una serie de actividades que prefiero hacer sola. Creo que a Pol no le gustaría saber sobre eso, pero cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples, como las velas, los inciensos y cualquier consejo de revista parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos. Anoto en el cuaderno cualquier detalle pertinente, pequeños cambios en Pol ...
¡Qué jodida está la cosa!, eso fue lo único que declaró el ministro de hacienda, hace unos cuantos días, cuando se bajaba de un jeep después de setenta kilómetros en caminos llenos de polvo y de humedad. Su asesor agregó que no había un centavo en caja; la cola de las divisas le daba cuatro vueltas al perímetro de la ciudad. El Fondo, tercamente, estaba afirmando: no más préstamos hasta que paguen intereses, recorten el gasto público, congelen los salarios, aumenten los productos, disminuyan las tasas de importación; además, quiten tanto subsidio y las instituciones de beneficios sociales. Y el pobre pueblo exclamaba: ya ni frijoles podemos comprar, ya nos tienen a hojas de rábano, a plátanos y a basura, aumentan el agua y el agua no llega a la casa a pesar de que llueve diariamente; han subido la tarifa y te cobran excedentes de consumo de un año atrás cuando tampoco había servicio en las cañerías. ¿Es que a nadie se le ocurre en este país alguna pinche idea que solucione tanto proble...