—Entre todas las cosas lo primero es el mar —dijo mi primo—. Y después el sol, y después la noche. Si es eso lo que querías saber, estás despachado. Alcánzame el martillo. Encontré la herramienta bajo los tapabarros del coche. Se la alcancé con prontitud. La cogió y empezó a machacar con golpes breves y violentos un tubo; seguramente el tubo de escape; no entiendo acerca de automóviles. —Es necesario enderezarlo —dijo mientras golpeaba. —No es eso lo que quería saber —repuse. —¿Qué es lo que no querías saber? —Bueno… lo del mar, y después el sol y después el viento —dije. —El viento no. Después del sol, la noche. —Entendido. Pues no era eso. —Veamos —dijo mi primo. —Tú estudiabas literatura. —Bien. Sigue. —Eras el novio de Angélica —agregué. —¿Cómo dijiste? —No me puedes oír si estás golpeando ese tubo todo el tiempo —grité. Sin interrumpir su tarea, se dio vuelta un segundo y me miró. Lu...