Hace mucho tiempo no había astros en el cielo. Todo estaba oscuro. No existía el día. No había ni sol ni luna ni estrellas. Entonces se reunieron los dioses en el lugar que se llama Teotihuacán y dijeron: — ¿Quién se encargará de dar luz al mundo? A esas palabras respondió un dios que se llamaba Tecuci. El dios dijo: — Yo me encargo de dar luz al mundo. Luego hablaron los dioses otra vez y dijeron: — ¿Quién quiere ayudarlo? Al instante se miraron los unos a los otros y ninguno quería ofrecerse para hacer aquella tarea. Todos tenían miedo. Entre los dioses había uno llamado Nanahuatzin, a quien nadie hacía caso. Era pequeño, muy feo y tenía una desagradable enfermedad de la piel, que algunos creen que era lepra. Además, casi nunca hablaba. Sólo oía lo que los otros dioses decían y casi nunca daba su opinión. No le gustaba intervenir en las conversaciones de los otros dioses. Pero esa vez, uno de ellos le habló y le dijo: — Tú, Nanahuatzin, debes de ser el otro dios que se encargue de da...