¡Qué jodida está la cosa!, eso fue lo único que declaró el ministro de hacienda, hace unos cuantos días, cuando se bajaba de un jeep después de setenta kilómetros en caminos llenos de polvo y de humedad. Su asesor agregó que no había un centavo en caja; la cola de las divisas le daba cuatro vueltas al perímetro de la ciudad. El Fondo, tercamente, estaba afirmando: no más préstamos hasta que paguen intereses, recorten el gasto público, congelen los salarios, aumenten los productos, disminuyan las tasas de importación; además, quiten tanto subsidio y las instituciones de beneficios sociales. Y el pobre pueblo exclamaba: ya ni frijoles podemos comprar, ya nos tienen a hojas de rábano, a plátanos y a basura, aumentan el agua y el agua no llega a la casa a pesar de que llueve diariamente, han subido la tarifa y te cobran excedentes de consumo de un año atrás cuando tampoco había servicio en las cañerías. ¿Es que a nadie se le ocurre en este país alguna pinche idea que solucione tanto proble...