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Cuento de los hermanos Pinzones - Jorge Ibargüengoitia

Cuando nació el mayor de los hermanos Pinzones se agrió la leche en la olla y se  cayó el primer chayote de la enredadera. La tía Socorrito, a quien le gustaba hacer  profecías, aprovechó el momento para decir: –La leche agria y el chayote indican que este niño que acaba de nacer va a tener un  carácter agrio y espinoso. Es decir, va a ser insoportable. Se equivocaba. El niño nunca dio guerra y no lloró ni cuando le echaron el agua del  bautismo. Le pusieron Manuel y en adelante todos los que lo conocieron le dijeron  Meme Pinzón. Cuando nació el menor de los hermanos Pinzones cantaron los pajaritos y el campo  se llenó de flores. La tía Socorrito profetizó: –Este niño va a ser precioso y tan simpático que la gente se va a pelear por estar  con él. Los que la oyeron decir esto voltearon a donde estaba la cuna y en ella vieron al  niño amoratado, abriendo la bocota y berreando. Le pusieron Guillermo y le dijeron Memo. Memo Pinzón lloraba de hambre ...

Algo muy grave va a suceder en este pueblo - Gabriel García Márquez

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: —No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo. Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: —Te apuesto un peso a que no la haces. Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta: —Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo. Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pari...

La migala - Juan José Arreola

La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye. El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada. Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro...